REFERENTES TEORICOS
Norma
comportamental en el niño: El ser humano como
ser social y como parte de la convivencia debe cumplir unas normas que regulan
las conductas comportamentales por lo cual se hace necesario la NORMA
COMPORTAMENTAL.
Se entiende por norma de
conducta toda ordenación de los actos humanos de acuerdo a un criterio de
valor, cuyo incumplimiento puede traer aparejada una sanción. Las normas de
conducta pretenden dirigir los actos humanos bajo la amenaza de una posible
sanción.
Las normas de conducta
señalan el comportamiento humano que “debe ser” y no el que efectivamente “es”.
Las normas operan sobre la base del “principio de imputación”. Según este
principio, una determinada consecuencia “debe ser” imputada a determinado acto,
sin que pueda decirse, sin embargo, que este acto sea propiamente la causa de dicha
consecuencia ni ésta el efecto de aquél. En otras palabras, la norma de
conducta prescribe u obliga a un determinado comportamiento, pero las personas
pueden o no seguir el mandato normativo. El comportamiento prescrito es
contingente, no necesario. De este modo, si una norma impide matar, es
perfectamente posible que las personas maten no obstante estar prohibido; por
tanto, entre la prohibición de “no matar” y el hecho de que las personas no
maten no existe una vinculación causa-efecto puesto que es perfectamente
posible que las personas desobedezcan la norma.
Las normas de conducta
siempre recaen sobre actos humanos, a diferencia de las leyes de la naturaleza
y las reglas técnicas que se refieren al universo o al correcto uso de aparatos
o máquinas.
Papel de la Lúdica
en la formación Socio-Afectiva del niño: “La lúdica como estrategia para el desarrollo de
las competencias ciudadanas está orientada
al fortalecimiento de las Competencias socio afectivas en los niños
desde el nivel preescolar; además Ofrece estrategias didácticas a las docentes
en torno a las competencias Ciudadanas, las cuales hacen parte del proceso
formativo integral” (Cepeda-
lúdica-estrategia-desarrollo-competencias-ciudadanas)
Podemos decir entonces que la lúdica logra que el niño se fortalezca en
valores, construyendo ideas sobre el medio que lo rodea y en el que se
desenvuelve, establece relaciones significativas con el medio, a través del
manejo y creación de una sana y pacífica convivencia, acercándose a un
conocimiento de la familia y el medio que le rodea.
Como
lo enuncia Cepeda es importante tener en cuenta dentro del trabajo con
competencias, la lúdica, pues cada una se encarga de fortalecer los distintos
temas, tales como la socia – afectividad, la comunicación, pensamiento,
identificación y manejo corporal, entre otras; la integralidad de sus conocimientos,
los buenos y adecuados hábitos dentro de determinado contexto. Además, las
dimensiones del desarrollo, permiten que cada niño pueda identificar y valorar
las personas que lo rodean, dándole importancia a lo que desde las competencias
ciudadanas propone: pluralidad, identidad y valoración de las diferencias, como
aquello elementos que permiten tener buenas relaciones de convivencia. (Cepeda, M.J. (2004). Ponencia
“Ciudadanía y Estado Social de Derecho”. Foro Educativo Nacional de
Competencias Ciudadanas. Bogotá, 25 de octubre.).
La
lúdica puede ser concebida como la forma natural de incorporar a los niños y
niñas en el medio que los rodea, de aprender, de relacionarse con los otros, de
entender las normas y el funcionamiento de la sociedad a la cual pertenecen.
(Todo ello hace referencia a la socialización como el proceso de inducción
amplio y coherente de los seres humanos en el grupo social que les tocó en
suerte en el momento de nacer, que le permite aprehender y construir la
realidad a partir de los parámetros de su grupo de referencia, y posteriormente
ampliar su marco de referencia y cosmovisión a través de su vinculación en
otros grupos, subculturas y culturas diferentes a la suya).
En la segunda mitad del siglo XIX, aparecen las primeras teorías
psicológicas sobre el juego. Spencer (1855) lo consideraba como el resultado de
un exceso de energía acumulada. Mediante el juego se gastan las energías
sobrantes (Teoría del excedente de energía).Lázarus (1883), por el contrario,
sostenía que los individuos tienden a realizar actividades difíciles y
trabajosas que producen fatiga, de las que descansan mediante otras actividades
como el juego, que producen relajación (Teoría de la relajación). Por su parte
Groos (1898, 1901) concibe el juego como un modo de ejercitar o practicar los
instintos antes de que éstos estén completamente desarrollados. El juego
consistiría en un ejercicio preparatorio para el desarrollo de funciones que
son necesarias para la época adulta. El fin del juego es el juego mismo,
realizar la actividad que produce placer (Teoría de la práctica o del pre
ejercicio).
Iniciado ya el siglo XX, nos
encontramos, por ejemplo, con Hall (1904) que asocia el juego con la evolución
de la cultura humana: mediante el juego el niño vuelve a experimentar
sumariamente la historia de la humanidad (Teoría de la recapitulación). Freud,
por su parte, relaciona el juego con la necesidad de la satisfacción de
impulsos instintivos de carácter erótico o agresivo, y con la necesidad de
expresión y comunicación de sus experiencias vitales y las emociones que
acompañan estas experiencias. El juego ayuda al hombre a liberarse de los
conflictos y a resolverlos mediante la ficción.
Ernesto Yturralde Tagle, investigador, conferencista y facilitador
precursor de procesos de aprendizajes significativos utilizando la metodología
del aprendizaje experiencial en entornos lúdicos, comenta: "Es
impresionante lo amplio del concepto lúdico, sus campos de aplicación y
espectro.
Siempre hemos relacionado a los
juegos, a la lúdica y sus entornos, así como a las emociones que producen, con
la etapa de la infancia y hemos puesto ciertas barreras que han estigmatizado a
los juegos en una aplicación que derive en aspectos serios y profesionales, y
la verdad es que ello dista mucho de la realidad, pues que el juego trasciende
la etapa de la infancia y sin darnos cuenta, se expresa en el diario vivir de
las actividades tan simples.
El desarrollo
social del niño en sus primeras etapas: De acuerdo a lo citado en el documento de lineamientos de preescolar “El
desarrollo del ser humano que va del nacimiento al fin de la vida, es un
proceso dialéctico que comienza por el conocimiento de sí mismo, a través de
las relaciones con los demás; de la individualización en la socialización”.
Es evidente que las
condiciones de vida de la población es el contexto que engloba todos los
factores protectores y de condición ineludible para garantizar efectos
positivos perdurables de cualquier acción centrada en el desarrollo de los
niños y las niñas.
En este sentido la institución educativa hace
parte del contexto general y a la vez es un contexto específico; está inmersa
en un ambiente influido por factores sociales, económicos y culturales e
igualmente es transformadora del mismo; constituye en un referente ambiental de
pertenencia para el niño, cobra vida para él porque allí amplía su marco de
socialización, constituye en un espacio vital e inmediato para su desarrollo.
Dentro de este contexto,
muchos de los factores y condiciones del desarrollo infantil son resultado de
la interacción entre creencias, actitudes y comportamientos, que los padres y
adultos de la comunidad tienen con relación al niño y la niña, a su educación,
crianza y necesidades como ser humano y social. La concepción de niñez es
reflejo del imaginario colectivo y forma parte principal de cada cultura.
Por tanto, para impactar
positivamente en la educación preescolar sería necesario proponer una pedagogía
educativa con pertinencia cultural. El proceso pedagógico debe reconocer una
historia de vida y de significaciones en cada uno de los niños que acuden al
preescolar, así como en sus familias, y a partir de ellas iniciar su proceso,
buscando su articulación con las tendencias actuales que sustentan
científicamente la práctica educativa en investigaciones realizadas con el
objeto de hacerla óptima.
Es importante tener en
cuenta que el desarrollo humano no puede ser analizado al margen del individuo
como ser biológico. Como seres humanos, poseemos un organismo con
características anatómicas y funcionales, que en esta edad se encuentra en un
proceso de plena evolución, especialmente en su sistema nervioso que posibilita
comportamientos que lo diferencian cualitativamente de las otras especies. Esto
pone de presente la obligación de satisfacer todas las necesidades básicas
relacionadas con la viabilidad de la vida y la supervivencia en condiciones
óptimas de salud, nutrición y protección, al igual que oportunidades
equitativas de educación.
Corresponde a la
institución educativa promover estilos de vida saludables y asegurarse de
gestionar con otros sectores a nivel interdisciplinario e interinstitucional,
la búsqueda de estrategias de atención que, en el caso de los niños de
preescolar, son determinantes para su crecimiento y desarrollo sano y óptimo.
De igual manera, el
desarrollo humano es considerado como un proceso socio- cultural. Desde el
mismo momento de la concepción (e incluso antes) los niños son afectados por
todo un conjunto de creencias, valores, lenguaje, objetos, situaciones y
expectativas; en una palabra, por todo aquello que define y materializa la
cultura del grupo social en el cual están inmersos. Por tanto, la expresión de
sus potencialidades, y particularmente de aquéllas relacionadas con la
capacidad de producir conocimiento y transformar su medio físico y social, será
cualitativamente distinta dependiendo de las expectativas y experiencias de
aprendizaje que el medio socio-cultural les proporcione. En esta vía la
institución educativa se constituye en un espacio de socialización, vital para
los niños preescolares, por cuanto allí se acude en búsqueda de experiencias
significativas que la cotidianeidad de la vida familiar y comunitaria por sí
mismas no proporciona.
Como proceso social, el
desarrollo ocurre en forma interactiva entre los miembros de la especie. Esta
interacción es cualitativamente diferente en diversos momentos; los niños y las
niñas son sujetos activos que afectan y son afectados por las interacciones con
sus padres, su familia y demás miembros de la comunidad. Las relaciones
sociales que establecen, son el principal mecanismo de la socialización y la
humanización.
El desarrollo humano es un
proceso gradual que depende de las oportunidades y experiencias de interacción
y aprendizaje que el medio proporciona a los niños y las niñas. El niño es
afectado por el entorno y éste a la vez es transformado por él. No basta
entonces con afectar uno sólo de ellos: los niños; es necesario incidir sobre
las expectativas y creencias de los adultos para afectar positivamente la
cultura sobre la infancia.
La conceptualización
sistémica del entorno físico y socio-cultural implica reconocer que todos los
espacios y los tiempos que comparten son instancias de aprendizaje. Los niños
están inmersos en un sistema cambiante de múltiples interacciones que conforman
su espacio vital, por tanto, para poder lograr una perspectiva integral es
necesario afectar la comunidad en general e incidir sobre las expectativas y
creencias de los pobladores para afectar positivamente la cultura sobre la
infancia y obtener cambios perdurables y generalizados en las prácticas de
crianza.
Los niños y las niñas, como
seres humanos, se desarrollan integralmente. Se hace necesario comprenderlos
como una unidad total, en la que no es posible abordar una de sus dimensiones
sin que se afecten las demás, superando así la tradición cultural y
disciplinaria que las aborda de manera parcial, particular y aislada. Entender
el desarrollo humano como proceso implica comprender las interrelaciones entre
sus dimensiones: ética, comunicativa, espiritual, cognitiva, estética, socio
-afectiva y corporal.
Reflexionar alrededor de
estos principios del desarrollo humano y del sentido pedagógico de la educación
preescolar es pertinente y hace posible afectar positivamente los ámbitos
familiar, comunitario, social e institucional a la vez que permite entender la
razón por la cual la educación preescolar tiene una función especial que la
hace importante por sí misma y no como preparación para la educación primaria.
La educación preescolar tiene carácter propio, se basa en los principios
científicos y tiene en cuenta la maduración, el desarrollo y la socialización
de niños y niñas. Sus principios y objetivos se diseñan en función de la
educación de las niñas y los niños de esta edad, de sus necesidades y
posibilidades, del momento del desarrollo en que se encuentran y principalmente
de la consideración de que ellos son el eje de este proceso y sus principales
protagonistas.
En la educación preescolar
él niño pasa a ser miembro de un nuevo colectivo, es decir, a compartir
actividades, objetos intereses, relaciones con personas y compañeros diferentes
al de su ámbito familiar. El docente debe favorecer y aprovechar este espacio
para nuevos aprendizajes: de un lado el desarrollo de la sociabilidad como uno
de los aspectos básicos de la educación y, por otro, un equilibrio entre la
dimensión individual y la social que contribuya al desarrollo personal”.

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